Hace unos días me preguntaron si había “escuchado” una película. Esa persona, estoy seguro, no me lo dijo con ganas de hacer notar alguna diferencia. Todo lo contrario: estaba tratando de ser cuidadoso porque sabe que soy ciego.
¿Cuál fue mi respuesta?: le dije que ya la había visto… y seguimos hablando como si nada, aunque sí debió percatarse del cambio de vocabulario que realicé.
Sin embargo, esta situación -que no es la primera vez que me ocurre- me dejó pensando en lo curioso que es que, cuando queremos ser demasiado cuidadosos con algo, podemos terminar haciendo lo contrario de lo que pretendíamos.
Para quienes se lo están preguntando en este momento: Sí, soy ciego; y sí, veo películas. También veo series, futbol y, de vez en cuando, veo venir conflictos que hubiera preferido ignorar.
Las personas con discapacidad no necesitamos que cambie el idioma para que hablen con nosotros. Si me dices “mira esto”, probablemente voy a preguntarte qué es, pero no voy a ofenderme y, por Dios, tampoco voy a contestarte con el chiste barato de “pues si no miro…”. Si me preguntas “¿viste el partido?”, te voy a contestar si sí o no. Por el contrario, si me dices “¿escuchaste la película?”, lo más probable es que me incomode y no diga nada al respecto, porque siempre contestaré tan educado como soy, te lo aseguro.
Esto no solamente pasa con las palabras, nos pasa con todo: queremos ser educados y terminamos siendo incómodos; queremos ahorrar tiempo y terminamos pasando media hora intentando abrir un envase que supuestamente era “abrefácil”; queremos comer sano y compramos una ensalada con suficiente tocino, queso, aderezos y, en el combo, papas y refresco; queremos dormir temprano y a las dos de la madrugada estamos viendo videos de un señor que restaura máquinas de escribir. ¡Me ha pasado! Y la verdad no sé quién es ese señor, ni por qué lo estoy viendo, pero algo me hace querer saber cómo queda la máquina.
También queremos mantenernos comunicados y, para hacerlo, terminamos mandándonos mensajes de una habitación a otra, en lugar de abrir la puerta y provocar un encuentro; queremos tener más tiempo libre y, cuando lo logramos, llenamos la agenda de actividades; queremos descansar y nos sentimos culpables por no estar haciendo algo productivo; queremos vivir el momento, pero antes necesitamos tomarle una fotografía… porque si el mundo no se entera, entonces pareciera que no lo disfruté.
Paradójicamente, como lo mencioné al inicio, cuando tratamos de evitar hacer las cosas mal, descubrimos lo buenos que somos para complicarlas.
Así como hay palabras similares a “ver” que simplemente hacen su trabajo, creo que nosotros deberíamos aprender a hacer lo mismo de vez en cuando: vivir sin darle tantas vueltas a las cosas, en lugar de buscar siempre la perfección. Y si te lo estabas preguntando, ya que llegamos al final, te digo: la película que me recomendaron sí era muy buena y sí… ya la había visto.